viernes, 4 de mayo de 2012

NIEVE, DE JUAN DAVID SOTO TABORDA






Por Daniel Ferreira

Empieza Nieve con pájaros que anuncian la tormenta y cielo encapotado. Y acaba con un juego de niños que se lanzan nieve en el invierno inglés. En medio de esos dos planos se encuentran las soledades de un grupo de extranjeros en Londres. No sabemos quiénes son ni qué hacen allí, pero asistimos a la zozobra cotidiana en que viven. Nieve es el relato de una doble crisis: la soledad invernal y la tensión por fraude a causa de un compañero de hospedaje que se ha evadido con su paga mensual. Esta figura fugitiva es de nacionalidad griega. El hecho de ser miembro de un país que las noticias difunden como arruinado por las normas del mercado globalizado parece explicar su proceder, aunque no alcanzará para justificar la deslealtad. Aun así, el caso particular y aislado de un griego embaucador en el extranjero puede abrir preguntas sobre la tragedia económica de un país que coexiste en nuestro universo pero cuyo marco de referencias solo es noticioso. La pregunta que surge desde la intimidad compartida y desde los rastros de la ausencia es: ¿quién es el otro? ¿Qué le ocurre? ¿Qué le conduce a tal embauco? El otro es un paradigma. Puede ser un hombre griego, o africano, o latinoamericano; o un país. Da igual: los hombres como los países son entidades abstractas. Las claves para entenderlos están en los detalles más recónditos. La ruina económica y colectiva de un país invisibiliza las tragedias domésticas de sus habitantes. ¿A quién le interesó que un griego se suicidara frente al parlamento en señal de protesta por una jubilación que le negaron? “¿Cuál griego?”, preguntaremos. “¿No era tunecino?”
El punto de vista de esta vida filmada sugiere la retórica del diario interior. El principio del diario íntimo es el registro de la subjetividad. Pero Nieve es a la vez un diario escrito, visual y sonoro; es la vivencia narrada, la posibilidad de interpretar la vida desde los fragmentos. Esta elección de instantes y detalles pasan al dominio de la ficción documental al invertirse su temporalidad y sus enfoques en la edición, al querer lograr una secuencia narrativa. La película es un rezo manifiesto al dios del detalle: las texturas, las periferias, los planos adyacentes; una cámara espía que escruta la vida de un lugar y de sus cohabitantes (y a la vez de quien lo registra todo). La cámara es aquí el sucedáneo del ojo inmerso, solitario, de este observador que se desdibuja constantemente. ¿A quién pertenece esa mirada? ¿Quién nos narra? ¿Por qué se oculta? ¿Qué quiere mostrarnos? A veces suponemos estar ante el diario de un actor intangible, alguien que sólo se revela cuando oímos su llanto o su gripa, cuando vemos y tratamos de recomponer lo que nos muestra.  Nos esforzamos. Tratamos de entender los fragmentos de esa anécdota que puede acabar en tragedia minúscula. Vemos sus manos. A veces partes de un rostro que contiene la ambigüedad del rostro albino. Al final lo vemos (los vemos) correr entre la nieve que ha conjurado la zozobra.
Es un film de soledades que se encuentran, de escenas interiores y con una esperanza exterior que se convertirá en promesa y redención de la angustia: la nieve.
¿Cuándo llegará? ¿Qué traerá?
La nieve vista por un extranjero de zona tórrida es distinta a la nieve que ha visto un habitante del invierno en el coluro solsticial. Un testimonio tan raro como la nieve en un país donde no hay estaciones.

NIEVE es una película del realizador colombiano Juan David Soto Taborda, creada en Londres y cuya difusión fue pensada exclusivamente para formatos digitales. Se estrenó en el lanzamiento en línea de Revista Corónica y se exhibirá también en mayo en el festival COR3FEST de Honduras en su primera edición. 
La misma estará disponible en la web de la revista www.revistacoronica.com

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